Invasión a Libia y dictaduras

La invasión a Libia por parte de Naciones Unidas y por iniciativa de EE.UU. abre por enésima vez la cuestión de la legitimidad de las fuerzas internacionales para intervenir en cuestiones internas de los países. En los últimos años hemos visto gran cantidad de "invasiones", "intervensiones" por parte de ejércitos de países poderosos, que por lo general tienen intereses económicos en las regiones.
¿En razón de qué designio un gobierno decide que le asiste el derecho de entrar a otro por la fuerza? La mayoría de las veces el escudo discursivo que se utiliza es el de la defensa de la democracia y los abusos de los dictadores locales. Se ha hablado también de ataques preventivos para evitar que un país se convierta en una amenaza para el orden local por, por ejemplo fabricar armas de destrucción masiva.
La falacia queda al descubierto ante el hecho de que la comprobación de la inexistencia de dichas armas no derivó en el retiro de tropas. Es una desgracia que, además deban luchar contra tropas que las mismas grandes potencias han equipado y entrenado (ver casos de Bin Laden, Hussein o Mubarak, por ejemplo)

Dictadores
¿Qué es un dictador? Históricamente es un sujeto que suma las atribuciones del poder del Estado en sí mismo. Por lo general se lo suele encontrar perpetuándose en el poder y alimentando cierto mesianismo que justifique la necesidad de seguir administrando los destinos de una nación.
También hay que tener en cuenta que el nombre de "Dictador" es aplicado por los opositores a las políticas de estos gobernantes. Los medios masivos de comunicación cumplen una función determinante por lo que es necesario saber a qué intereses responden y cómo trabajan en la formación de la opinión pública. Estos tienen el arte de manipular la información para acomodar las posiciones de los lectores.

Por otra parte, muchos de estos "dictadores" surgieron como luchadores revolucionarios que llevaron a la caída de tiranías anteriores y, en muchos casos redundó en mejoras para sectores marginados de la población.
Es aquí donde se plantea un dilema. El nuevo hombre fuerte es la cabeza visible y dirigente que hace de contención contra los poderes que antes han dominado el espacio político y económico y que han perdido sus posiciones de privilegio. Esperan agazapados el momento para retomar el control.

¿Son realmente dictadores? ¿Qué podemos decir de quienes fueron corridos de sus lugares poder por movimientos revolucionarios? Por cierto, no podemos decir que son democráticos. Sólo quieren legislaciones que los favorezcan.
Lo que es difícil de resolver es el dilema de la permanencia. Desde un pensamiento democrático, progresista resulta complicado seguir a un líder "padre", a una figura rodeada de mística. Es preferible un programa de gobierno a un mesías. Pero ¿qué sucede con gobernantes que son contrapeso de los poderes centrales que pugnan por sacar provecho de los países más débiles? En un punto también es necesario mantener el orden de fuerzas para no volver atrás a las situaciones de expoliación de riquezas nacionales.
Por ultimo, surge el problema de la perpetuación en el poder y la certeza de que no puede haber alguien que lo reemplace. El poder, a la larga puede corromper y en lugar de ser un líder revolucionario termina siendo quien maneja los hilos de los títeres como lo hacían sus antiguos enemigos.

Preguntas finales
Si lo que se defiende es la libertad de los pueblos. Si lo que se quiere es destronar una dictadura que actúa cometiendo crímenes de lesa humanidad, ¿por qué no nos invadieron cuando nuestros militares tomaron el poder por la fuerza de las armas? No solo eso sino que los reconocieron, los adiestraron en West Point y el la escuela de las Américas y comerciaron alegremente alentando políticas económicas que destruyeron elsalario real de los trabajadores y vaciaron las empresas autóctonas en beneficio de las empresas multinacionales.

¿Por qué los crímenes de los dictadores son de lesa humanidad y las muertes ocasionadas por las tropas de Naciones Unidas son daños colaterales? ¿Quiénes juzgaran la actuación de los cascos azules? ¿Quién acusará al ejército de una potencia de perpetrar una masacre?
Probablemente nadie. Y desgraciadamente es el segundo dilema que no podemos resolver.

Desde aquí, desde la web tenemos un mecanismo nuevo que puede traer inconvenientes a los poderes tradicionales. Desde las luchas de Seattle en adelante, con la actuación de Wikileaks, como ejemplo podemos generar nuevas vías de lucha ciudadana que empujen a los gobiernos a actuar de maneras más justas.
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