
Es así, la comida no es algo para jugar. Es lo que nos garantiza a nosotros y a nuestros hijos un buen crecimiento y desarrollo de las habilidades de nuestro cuerpo y mente. La salud sembrada a tiempo dará su fruto durante el transcurso de nuestra vida.
Hoy parece que hay gente que no ha asimilado esta enseñanza ancestral. Con la mira puesta en otros intereses hacen de la comida el instrumento de un juego perverso.

Tenemos también el tema de los biocombustibles, cuya aparición trae aparejada la necesidad de más grano para su producción. Como consecuencia se disminuye la parte de la cosecha destinada a alimentación para trasladarla a las plantas de biodiesel o similares. Y bien sabemos que a mayor demanda de un producto, mayor precio. Y nos referimos al precio de los alimentos. No hay que jugar con la comida.

Comida para una semana, campo de refugiados, Chad (Foto: Peter Menzel)
Ya no se trata de saber quién pasa hambre ni quién morirá de hambre en el futuro, sino más bien de saber quién llegará el primero a la fase de la locura a fuerza de no tener nada qué comer.
La locura ya está en las calles africanas, asiáticas y latinoamericanas; y si Europa se alarma, es simplemente debido a los ejércitos de clandestinos que surcan las calles de las ciudades europeas, llevados por los suyos a través de carreteras y mares en primer lugar, y después por las policías del mundo libre por haber invadido un terreno que no soporta sus olores ni sus colores.
¿Por qué nuestro gobierno engloba en el frente opositor a todos los grupos y no divide entre los pocos que tienen la mayor parte del sector agrícola y ganadero y el resto?
¿Por qué si tenían tan claros los números, quién era cada quién, cuánto producía cada uno, qué extensiones de campo poseía, lo que producía, etc.; cuando impusieron las retenciones lo hicieron tan indiscriminadamente?
¿Por qué la extraordinaria renta financiera y de capitales sigue exenta de impuestos?

Comida para una semana, familia alemana tipo (Foto: Peter Menzel)
¡Qué paradojico vivir en tierra de abundancia y tener que tratar el tema de la comida! No es lógico que nuestra comida tenga precio internacional, o precio antojadizo, o precio temporada, o precio escacez. No es lógico que tengamos personas con problemas de desnutrición en una región en la que se pueden dar el lujo de derramar miles de litros de leche por las rutas cortadas.No es lógico que un mundo que produce tres veces los alimentos que necesita toda su población tenga a la mitad de sus habitantes con alimentación deficiente y que cada 10 segundos mueran 3 hambrientos. Dios va a pedir cuenta por las imágenes que conocemos de nenes con pancitas hinchads y de mamás con manos de ramita y sin mirada que esperan..., no saben qué pero esperan. Para ellos la comida no es juego.
Un presidente citó a Jesús (con desfachatez) cuando dijo que a los pobres siempre los tendremos entre nosotros. Lo que no dijo, en su ya legendaria ignorancia, es que Jesús citaba una antigua ley hebrea que en su versión completa decía así: "Gente pobre en esta tierra, siempre la habrá; por eso te ordeno que seas generoso con tus hermanos hebreos y con los pobres y necesitados de tu tierra." (Deuteronomio 15:11).
Pensar así ¿será una utopía? Bueno, puede ser... Pero el realismo no nos está trayendo muchas soluciones, mi amigo. Tenemos mecanismos de expresión que debemos comenzar a usar y decirles a los que pueden manejar el poder: "no juegues con la comida, porque no tenés derecho, porque es un don de Dios, porque no te corresponde enriquecerte a costillas de la vida y la muerte de tu prójimo"