Crónica sobre el pionero del cine en Argentina

Los amantes del cine saben que Argentina tuvo pioneros destacados y que hicieron mucho por desarrollar la industria. Este es el caso de Max Glücksman. Hace poco me crucé con un viejo número de Caras y Caretas que tenía una crónica sobre su negocio y sus actividades.
Aquí pongo a disposición la digitalización del artículo completo y reproducciones de sus páginas originales para ver cómo se veía el texto.

Antes, un poco de este personaje

Poco después de su llegada a Buenos Aires, en 1890, Glücksmann comenzó a trabajar como ayudante de fotografía en la Casa Lepage, propiedad de otro inmigrante: el barón belga Enrique Lepage. Este negocio ubicado en la Avenida Bolívar N° 375, edificio que hoy tiene una placa recordatoria que colocó la municipalidad bonaerense, fue el primero en ingresar al país equipos proyectores y filmadoras. También trabajaba allí otro pionero del cine, el francés Eugenio Py.
Los tres asistieron a la primera exhibición cinematográfica en Argentina, organizada por el empresario Francisco Pastor y el periodista español Eustaquio Pellicer, la cual se realizó en el Teatro Odeón el 18 de julio de 1896, donde se ven las breves escenas filmadas por los camarógrafos de los hermanos Lumière. Dándose cuenta de las posibilidades comerciales de este invento, Glücksmann, Py y Lepage se pusieron en contacto con los hermanos Lumière para la compra de sus aparatos, pero no prosperaron las conversaciones, por lo que deciden importar un "Cronofotógrafo Elgé" de la empresa francesa Gaumont- Demeny de 1897 y un "Cinematógrafo Phaté", distribuido por la Compañía General de Fonógrafos, Cinematógrafos y Aparatos de Precisión, de la también francesa Pathé Freres.

Artículo publicado en Caras y Caretas

El hogar del "film", en Buenos Aires

Sin mayores explicaciones, hasta el título de esta crónica para que todos comprendan que vamos a ocuparnos del gran coloso de los cinematógrafos: de Max Glücksmann y de su famosa «Casa Lepage».
En cualquier parte de Sud América, al hablar de cines y de películas, lo primero que viene a la mente es el nombre de Max, y en efecto: desde que se hizo en este país la primera exhibición cinematográfica, siempre hemos visto al final de toda cinta este sugestivo letrero: «Único concesionario, Casa Lepage, de Max Glüksmann» y, conforme fué creciendo la afición al cine, fué también en aumento la popularidad de Max y adquiriendo su bien cimentada Casa Lepage una importancia colosal.
Por eso llamamos al palacio que hoy ocupa Glücksmann en las calles Callao y Mitre, «el hogar del film». Porque en la casa Lepage nació el cine a la luz de Sud América, cuando apenas iniciaba Pathé, el gran Pathé, sus primeras cintas en Europa.
Si quisiésemos establecer una proporción matemática para mejor expresar lo que Glücksmann representa en cuestiones de ci-nemato grafía, diríamos que «Max es a Sud América lo que sus representados, Pathé Ereres, son al mundo»... y todo el que concurre a los cines está bien compenetrado de esta verdad irrefutable.
Hace ya muchos años que un comerciante francés, don Enrique Lepage, fundó modestamente, en un pequeño local de la calle Bolívar, una casa de artículos de fotografía, que pronto adquirió justo renombre para los aficionados y profesionales del arte de Daguerre. Entre los escasos empleados que ayudaban a Lepage a vender placas, máquinas y papeles, se destacaba por su afabilidad, por su extraordinaria viveza y por sus condiciones generales, un muchachito — un niño casi que llamaba, como vendedor, la atención de cuantos clientes llegaban a la casa. Este niño fué creciendo con el pequeño negocio, hasta llegar a convertirse en una parte integrante del mismo, en el otro yo de don Enrique Lepage, y tanto fué así que este último, rey ya de la fotografía en Buenos Aires, decidió nombrar al joven Max su príncipe heredero.
Llegó un día en que Lepage, célebre en Buenos Aires y rico, hizo efectiva la herencia, y entonces Glücksmann, con su espíritu emprendedor, con su clara visión para los grandes negocios y hábil discípulo de un bien hábil maestro, dio a la casa Lepage nuevos vuelos, fijó orientaciones que ha tenido el acierto de ir cambiando sin derrumbar lo viejo. Esto es: ha edificado, ha progresado, ha convertido su casa en poderosa organización, sin olvidarse de lo antiguo, sin descuidar por un momento siquiera lo que constituyó base y principio de la casa Lepage.
Así vemos, pues, que, a pesar de los vuelos extraordinarios que supo dar a la sección de cinematógrafos y cintas, sigue siendo en fotografía lo que siempre fué: la casa popular y popularizada por excelencia.
Lepage fué quien trajo el primer fonógrafo y el primer cine y las primeras novedades en fotografía y Glücksmann fué quien las dio impulso y las desarrolló hasta un máximum que por lo grandioso resulta casi inconcebible.
Hoy su venta de discos y fonógrafos alcanza cifras que si las estampásemos resultarían difíciles de comprender para el lector que no esté interiorizado de estas cosas; pero baste decir que si las películas cinematográficas de Glücksmann se ven en todas partes, los discos Odeón y Fono tipia, famosos en el mundo desde hace muchos años, se escuchan por doquiera y esos discos son, entre nosotros una de las grandes exclusividades que posee la Casa Lepage de Max Glücksmann.

Tras la modesta casa de la calle Bolívar, se estableció la gran sucursal de la Avenida de Mayo y calle Victoria. Era necesario una expansión que corriese parejas con la magnitud del creciente negocio, pero no se abandonó la casa vieja: esa siguió y sigue en donde fué fundada. Se estableció la nueva, se abrieron sucursales en Montevideo, en Rosario y en Santiago de Chile, y finalmente se coronó esa obra de engrandecimiento ocupando el palacio que orgulloso domina en la esquina de Callao y Bartolomé Mitre.
Además es dueño y empresario el popularísimo Max, de los teatros más notables que, para exhibiciones cinematográficas, se han levantado en Buenos Aires, a saber: El Palace Theatre, donde desde que abrió sus puertas se congrega lo más selecto de nuestra buena sociedad porteña; el Petit Palace, de la plaza Libertad; el popular Cine Ópera, de la calle Corrientes; y, finalmente, el colosal Electric Palace, que en la calle Lavalle da una nota saliente de grandiosidad por su artístico frente y por su capacidad extraordinaria, pues tiene asientos sin apreturas ni incomodidades para dos mil personas 
La característica saliente de los teatros de Glücksman estriba, sin embargo, principalmente en la novedad de las cintas que exhibe y en que, por ser importadas exclusivamente por él, se estrenan en sus teatros, aun cuando después pasen a las empresas innumerables ese. tanto en la ciudad como en todo el interior del país, como en las demás repúblicas sudamericanas, son subsidiarias de Max Glücksmann, que es a su vez representante de Pathé Freres y de las más importantes fábricas de películas de todo el mundo.
Max Linder, Salustiano, la famosa Robinne y cientos de otros personajes populares son ex-clusividad de Glücks¬mann, y por tanto ningún cinematógrafo de los importantes puede omitir servir al público sus platos favoritos y así, pues, todos — los buenos se entiende — dependen principalmente de Max Glüksmann, quien, hoy por hoy, empuña firmemente el cetro sin temor a revoluciones antidinásticas.
Por otra parte, la dinastía de los Glücks¬mann, que reconoce a Max por jefe, es bastante extensa. Cuatro hermanos le ayudan en la difícil tarea de llevar las riendas del gobierno en tan extensos dominios. En estas páginas publicamos la fotografía de Enrique, gerente general, en cuya mano están todos los hilos del negocio, y la de Jacobo, el sub-gerente, que, en determinados momentos, substituye a sus dos hermanos mayores en el man¬do supremo. Todos ellos han crecido con la casa y todos han colaborado con Max a su engrandecimiento. Justo es, pues, dedicarles en esta crónica el lugar que les corresponde.
Cuando una empresa particular llega a una altura tan grande por el esfuerzo propio de un hombre, sin ayuda de capitales extraños ni apoyos de ninguna clase, se convierte en algo que honra a la nación donde se halla radicada y en este sentido Max Glücksmann es un benemérito de nuestro país, puesto que ha sido él, como continuador de la obra de Lapage, quien ha hecho que venga a Buenos Aires, el centro principal de la cinematografía en Sud-América.

Fuentes
Revista Casas y Caretas, Edición Almanaque de 1914
Wikipedia 

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